Concurso Literario La Salle 18 by anabzgz on Scribd
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viernes, 27 de abril de 2018
martes, 24 de mayo de 2016
Más relatos ganadores
Y aquí los relatos ganadores en la categoría de alumnos de 1º, 2º y 3ºESO
Teresa Subías de 3ºESO
Teresa Subías de 3ºESO
LA LLAVE DE LAS MARAVILLAS
¿Por qué la vida es más justa con los que más tienen y no se merecen nada e injusta con los que no tienen y, sin embargo, se merecen todo? Hay gente que dice que es por las decisiones que tomas; otros, que es por pura suerte.
La suerte… ¡Bonito concepto con el que te excusas por no haber logrado hacer algo o de haber fracasado…! Se dice: “Es que no tuve suerte”. Pero, ¿quién decide quién tiene suerte y quién la deja de tener?
Me llamo Ian, tengo 15 años y vivo en el orfanato Dashner. Soy una de esas personas que no hizo nunca nada malo y; sin embargo, la vida le arrastró injustamente a una oscuridad llena de tristeza y dolor. Algunas personas pensarán que lo que me pasó fue cosa del destino; otras, que tuve mala suerte. Yo, sinceramente, pienso que en la vida hay cosas buenas y malas… Y… A alguien le tendrán que pasar las malas, ¿no?
Cuando mi hermana Cammy y yo teníamos 6 años, nuestros padres nos abandonaron porque mi hermana comenzó a desarrollar unas habilidades que ningún otro ser humano podía desarrollar: empezó a mover objetos sin tocarlos y a leer la mente de las personas. Cuando mis padres la llevaron al médico, nos dijo que Cammy había desarrollado partes de su cerebro que le permitían hacer esas cosas, que ninguna otra persona había desarrollado esas partes, y que si no lograba controlarlas podría llegar a ser mortal. Desde ese mismo día mis padres no se acercaban a ella, no mantenían contacto visual con ella y ni siquiera le hablaban. Conforme el poder de Cammy aumentaba, más asustados estaban ellos. Hasta que un día, por la noche, hicieron las maletas y se fueron, dejándonos a mi hermana y a mí para siempre.
Por suerte, nuestra vecina, la señora James, se encargó de nosotros. El marido y el hijo de la señora James habían muerto hacía 20 años en un accidente de tráfico y ella vivía envuelta en soledad. Con el dinero de su jubilación, la señora James nos cuidó lo mejor que pudo hasta que tuvimos 10 años. En aquella época, un mago muy famoso de entonces nos daba unas cuantas monedas por ayudarle en sus trucos de magia, aprovechando el “talento natural” para la telequinesia de Cammy. Con este dinero, la señora James nos llevó por mi cumpleaños de crucero por el Mediterráneo.
El segundo día de nuestro crucero, una tormenta inmensa hundió el barco. Mientras intentaba nadar hacia la superficie divisé un salvavidas flotando, me agarré a él y, lo más rápido que pude, me puse a remar con todas mis fuerzas para encontrar a Cammy y a la señora James. Después de unos minutos gritando sus nombres y remando entre los restos del barco, vi a mi hermana agarrada a una tabla de madera, me lancé al agua y me puse a nadar hacia ella pero, cuando estaba a unos centímetros de ella se cayó al agua y comenzó a hundirse hasta el fondo del mar. Yo, sin pensarlo dos veces, no desistí en rescatarla y empecé a nadar tras ella sin dejar de pensar en que Cammy era lo único que me quedaba. Pero cuando estaba a punto de agarrarle la mano, algo tiró de mí con fuerza hacia la superficie.
Desperté a los dos días en una camilla del hospital. No comía, no hablaba… Solo podía pensar en que todo esto era muy injusto…
Después de dos meses, cuando ya me había recuperado del accidente, me llevaron a la casa de la señora James para que recogiera mis cosas y las de mi hermana. Fui a por mi álbum de fotos, donde estaban los pocos recuerdos que me quedaban de mis padres y ahora también de mi hermana. Lo busqué por todos lados. Al no encontrarlo, decidí buscar en un baúl que no recordaba haber abierto en toda mi vida. Al abrirlo encontré una llave atada a una cinta en la que estaba escrita una dirección. Cogí la llave rápidamente y bajé a la puerta principal donde un señor me esperaba para llevarme a mi nuevo hogar: el orfanato Dashner.
Una noche, después de dos semanas ahí metido, decidí escaparme a tomar el aire. Como me aburría mucho, cogí la llave que encontré en la casa de la señora James y decidí dirigirme a la dirección que llevaba colgada. Después de caminar una hora y media por las calles vacías de Chicago, encontré la casa que correspondía a la dirección de la llave.
La casa era muy grande, tenía un jardín precioso lleno de flores y un enorme árbol que, imaginé, daba una gran sombra a la casa. Nada más entrar por la verja oxidada, en el suelo, encontré una placa en la que ponía “Mansión McCohen”. Conforme iba avanzando, más flores aparecían a los lados. De pronto, al acercarme a ver una de aquellas flores que llamó mi atención, vi que en cada pétalo de la flor había escrita una frase. Al estar oscuro no podía apreciar lo que ponía y seguí andando hasta el porche. Cuando fui a llamar a la puerta ésta se abrió, como si me hubiera visto llegar. Aunque me daba un poco de miedo entrar después de haber visto eso, más miedo me daba volver al orfanato y tener que aguantar la riña de la directora al ver que me había ido.
Justo cuando entré, la puerta se cerró de golpe y la llave de la señora James que llevaba al cuello comenzó a brillar. De repente, el cuadro que tenía delante de mí, un retrato de una chica rubia de ojos grises; me dijo: “Sube al tercer piso y cierra la puerta con llave, abre una caja de música que hay en medio de la sala y dale cuerda”.
Yo creo que no me desmayé de puro milagro y, en mi opinión, si un cuadro te habla, lo mejor es hacerle caso.
Seguí las indicaciones de la chica de los ojos grises y al darle cuerda a la cajita empezó a sonar una canción que me recordaba a un ballet. Al abrir la puerta para bajar abajo me encontré enfrente de mí a la chica de los ojos grises en carne y hueso. Me miraba sonriente como si yo le hubiera sacado de su cuadro y le hubiera devuelto su libertad. Mi reacción al verla fue pegarle un portazo en las narices, aunque al ser un cuadro (o un fantasma, no lo tengo muy claro) no le hizo nada.
La niña de los ojos grises me dijo que en esa casa vivían todas las personas que tenían un don especial que nadie más tenía. Y que si morían injustamente por culpa de ese don sus almas venían a esta casa y se quedaban en un marco en forma de retrato. Solo cuando alguien hiciera sonar la música de nuevo podrían salir sus almas en forma de fantasma para volver a realizar sus dones.
La niña me enseñó toda la casa. Había una chica que escribía al revés, un chico que caminaba sobre los dedos meñiques de sus manos, una mujer que escribía en pétalos de rosa… La niña de los ojos grises me dijo que ella tocaba el piano y pintaba cuadros con los ojos cerrados y que su mejor amigo podía hacer desaparecer objetos con solo tocarlos con la punta del dedo y hacerlos aparecer de nuevo en otro sitio.
Después de un largo rato conociendo los distintos talentos de los residentes de aquella maravillosa casa, la niña de los ojos grises me llevó a una habitación donde, según ella, estaba una chica que había llegado nueva que tenía el mayor talento de todos. Cuando abrí la puerta mi corazón se detuvo al ver que la persona que estaba allí dentro no era otra que mi querida hermana Cammy.
Aquella maravillosa casa me enseñó que todas las personas somos iguales, que todas nos merecemos los mismos buenos tratos y que nadie tiene que perder su vida por sabe hacer algo que los demás no saben.
Es justo y necesario que todos seamos únicos. Es justo y necesario que todos formemos parte del mismo mundo.
Alberto Sanz de 1ºESO
El azar, el destino, la suerte, la casualidad o como quieras llamarlo
Héctor tiene 10 años y vive en Zaragoza, con sus padres adoptivos, Luis e Isabel. Nació en Rumanía pero fue adoptado con un año y medio y no sabe nada de sus padres biológicos.
Cada mañana repite la misma rutina: se levanta a las 7, desayuna, se viste y hace su cama. Sale de casa a las 8 menos cuarto y entra al colegio a las 8 y 10. Sale del colegio a las 2 y media y llega a su casa a las 3. Al llegar a casa del colegio, come y se pone a hacer los deberes. No tiene ninguna actividad extraescolar y prefiere pasar su tiempo practicando trucos de magia.
Uno de esos días, sin embargo, le sucedió algo realmente curioso. Al volver del colegio y pasar por los contenedores reparó en que el niño que estaba recogiendo chatarra en un contenedor tenía un parecido razonable con él. De hecho, era tan parecido que podría haberse dicho que era un clon. De primeras le pareció extraño, pero cuando observó de nuevo al niño tanto su cara como su forma de andar y hasta las muecas de esfuerzo que hacía le recordaban a él mismo. Al llegar a casa se lo contó a su madre, quien le aseguró que se trataba de imaginaciones suyas. Sin embargo él estaba seguro de que no se lo había imaginado.
Al día siguiente pasó por los contenedores con la esperanza de comprobar que no habían sido imaginaciones suyas pero no vio al niño. Y así otro día, y otro, y otro... Tantos días pasaron que Héctor empezó a barajar la opción de que solo hubieran sido imaginaciones suyas, aunque, por otra parte, seguía empecinado en que no podía ser una mera casualidad. Algunas días más tarde, sin embargo, su madre le dijo que bajara la basura. Héctor aceptó el encargo a regañadientes, pues era consciente de que no le serviría de nada protestar. Mientras iba, vislumbró una sombra que se movía cerca de los contenedores. Apunto estuvo de echarse atrás pero decidió acercarse con la mínima esperanza de que fuera el chico que vio aquel día. Y así era, hurgando en los contenedores se encontraba aquel chaval de su misma edad con un parecido tan asombroso. Esta vez, sin embargo, tiró la basura rápidamente y volvió corriendo a su casa con la esperanza de persuadir a su madre de que bajara para demostrarle que no fueron imaginaciones suyas. Su madre estaba ya dormida y Héctor no se atrevió a despertarla. Se sintió decepcionado, pero prefería eso a ganarse un bronca.
Al día siguiente, al volver del colegio, Héctor se volvió a encontrar con el niño y se decidió a entablar una conversación:
-Hola, ¿cómo te llamas?
No hubo respuesta alguna.
-Mira, te enseñaré un truco -dijo sacando una baraja de cartas- ¡escoge una!
Ninguna respuesta.
-Anda, elige una -insistió-.
El niño se decidió al fin por elegir una.
-Vale, no me la enseñes, ponla en el mazo y corta. Muy bien.
Se llevó las cartas a la frente como si estuviera “conectando” con las cartas.
-Tu carta es... ¡el tres de diamantes!
-Sí, esa es.
-Yo soy Héctor, ¿y tú?
-Yo me llamo Kiko, ¿tienes hora? -preguntó.
-Son las dos y media.
-¡Uf, qué tarde! Me tengo que ir ya, ¡hasta luego!
-¡Adiós!
Mientras el niño se alejaba, Héctor se quedó pensando por qué el niño no había reparado en su tremendo parecido, y ahora que lo pensaba, en realidad, el parecido no era tanto como se había figurado en un primer momento. Se marchó a casa alegre pero confundido.
Al llegar a casa, quince minutos tarde, su madre no estaba.
-¡Menos mal! -pensó- No me caerá una bronca.
Cogió un plato y se puso a comer.
A la mañana siguiente, Héctor había llegado a una conclusión. Iba a intentar entablar amistad con aquel chaval fuera como fuese. Así que se levantó, se duchó, se vistió, desayunó y se fue al colegio. Tras salir del colegio de encaminó hacia los contenedores pero no vió a nadie. Sin embargo, sí que vió a un niño apoyado contra la pared con aspecto de estar esperando a alguien. Saco el móvil de la mochila y le echó una foto. Al ver el resultado, no le pareció que el niño fuera, ni mucho menos, idéntico a él. Cuando volvió a mirar a donde se encontraba el niño, ya no había nadie.
-¡Maldita sea! -pensó- ¡Ya se ha ido!
Así que se volvió a casa cabizbajo y extrañado por el hecho de que el niño de la foto que había tomado, aún siendo el mismo al que vió la otra vez, no se parecía tanto a él. Llegó a su casa y se puso a comer. Otro día igual.
Cada día que pasaba, se iba convenciendo de que el niño no se parecía a él, pero aún así recordaba perfectamente la primera impresión que tuvo al verlo. Al volver del colegio, se encontró con el niño de nuevo, en el mismo sitio que el día anterior. Esta vez, decidió acercarse y le dijo:
-Hola, ¿qué haces aquí?
-Se te cayó esto el otro día, -dijo señalando una carta- quería dártelo.
-Muchas gracias. Oye, ¿te gustaría venir mañana viernes a mi casa a jugar? -dijo sin muchas esperanzas.
-Eeehh… vale, de acuerdo. -dijo titubeante el niño- ¿A qué hora?
-A esta misma, si te va bien.
-Sí, no hay problema.
-¡Hasta mañana!
-¡Ciao!
Cuando Héctor le propuso quedar a jugar, no se esperaba que aceptara. Pensaba que esa era de la clase de cosas que ocurrirían en una mala novela para introducir con calzador un personaje. De hecho, iba a tener problemas para convencer a su madre de que le dejara, pero estaba dispuesto a todo con tal de descubrir por qué le había parecido tan familiar aquel niño nada más verlo.
Cuando se lo propuso a su madre, ésta, consciente de la escasa vida social de su hijo, le acribilló a preguntas:
-Y ¿cómo es que no lo conozco? ¿Conozco a su madre? ¿Es del colegio?¿Cómo dices que se llama? ¿Kiko? Ni me suena.
-Lo conocí hace poco. ¿Puedo o no?
-Vaaale, pero solo una horita.
-Gracias mamá, te quiero.
Tras un complicado interrogatorio, Héctor logró lo que pretendía y se sintió tremendamente orgulloso de ello.
Al salir del colegio el día siguiente, Héctor fue corriendo hasta su calle, donde se encontró a Kiko. Se saludaron y subieron al piso. Tras esquivar a su madre con una “triple maniobra de esquive con giro” y un “holamamáquétalestaremosenmihabitación”, llegaron a la habitación. Allí, Héctor sacó un par de barajas de cartas y empezó a “barajarlas” mientras Kiko curioseaba en la “marabunta” de objetos y cachivaches que se agolpaban en la mesa. Tras responder a algunas cuestiones sobre los objetos allí expuestos cuales piezas de museo, Héctor le pidió a Kiko que cortara y eligiera una. Esta vez, sin embargo, Héctor guardó las cartas en la caja y la apartó. A continuación, metió la mano bajo el colchón y sacó una carta.
-¿Es esta? -preguntó ante la mirada atónita de un público impresionado.
-¡Un cuatro de picas!, ¡no puede ser! -exclamó- ¿dónde está el truco?
-No te lo puedo decir, es la regla de oro de todo mago: nunca reveles tus trucos.
-¡Venga ya! No vale.
La siguiente hora se pasó tremendamente rápida y para cuando se quisieron dar cuenta, ya era tarde. Un grito ensordecedor proveniente de lo más profundo de la casa se lo hizo saber.
Héctor como buen anfitrión, acompañó a Kiko hasta la calle y, mientras bajaban las escaleras, tuvieron una interesante conversación:
-Aún no te he preguntado cuántos años tienes.
-Tengo catorce años.
-¿Y en qué barrio vives?
-Vivo en el Áctur también, dos calles más para allá.
-¿Y por qué estabas rebuscando en la basura?
-Hacía un año que mi padre había sido despedido, pero ayer mismo me dijo que le habían dado un nuevo trabajo.
-¿Tienes hermanos o hermanas?
-No lo sé, nací en Rumanía y fui adoptado a los dos años.
La mente de Héctor se llenó por completo por un único y bizarro pensamiento.
-Bueno, hasta otro día -oyó que le decían, aún sumido en sus pensamientos.
-Adiós -dijo, casi por acto reflejo.
Y empezó a subir la escalera con más preguntas que respuestas.
A la mañana siguiente, Héctor se levantó con la respuesta a sus pensamientos. Cuando vió por primera vez al niño, le pareció que se miraba a un espejo porque imaginó la historia de alguien que podría haber sido él, la historia de alguien que podría haber sido de cualquiera pero que era de alguien con un pasado tan cercano al suyo. La idea de que fueran hermanos, pese a lo chocante que le resultó a Héctor a priori, no tenía ni pies ni cabeza, pues las fechas no coincidían y además no había parecido real entre ellos más allá de los rasgos de la cara. Se dió cuenta de que la vida depende muchas veces del azar, el destino, la suerte, la casualidad o como quieras llamarlo.
Alberto Sanz de 1ºESO
El azar, el destino, la suerte, la casualidad o como quieras llamarlo
Héctor tiene 10 años y vive en Zaragoza, con sus padres adoptivos, Luis e Isabel. Nació en Rumanía pero fue adoptado con un año y medio y no sabe nada de sus padres biológicos.
Cada mañana repite la misma rutina: se levanta a las 7, desayuna, se viste y hace su cama. Sale de casa a las 8 menos cuarto y entra al colegio a las 8 y 10. Sale del colegio a las 2 y media y llega a su casa a las 3. Al llegar a casa del colegio, come y se pone a hacer los deberes. No tiene ninguna actividad extraescolar y prefiere pasar su tiempo practicando trucos de magia.
Uno de esos días, sin embargo, le sucedió algo realmente curioso. Al volver del colegio y pasar por los contenedores reparó en que el niño que estaba recogiendo chatarra en un contenedor tenía un parecido razonable con él. De hecho, era tan parecido que podría haberse dicho que era un clon. De primeras le pareció extraño, pero cuando observó de nuevo al niño tanto su cara como su forma de andar y hasta las muecas de esfuerzo que hacía le recordaban a él mismo. Al llegar a casa se lo contó a su madre, quien le aseguró que se trataba de imaginaciones suyas. Sin embargo él estaba seguro de que no se lo había imaginado.
Al día siguiente pasó por los contenedores con la esperanza de comprobar que no habían sido imaginaciones suyas pero no vio al niño. Y así otro día, y otro, y otro... Tantos días pasaron que Héctor empezó a barajar la opción de que solo hubieran sido imaginaciones suyas, aunque, por otra parte, seguía empecinado en que no podía ser una mera casualidad. Algunas días más tarde, sin embargo, su madre le dijo que bajara la basura. Héctor aceptó el encargo a regañadientes, pues era consciente de que no le serviría de nada protestar. Mientras iba, vislumbró una sombra que se movía cerca de los contenedores. Apunto estuvo de echarse atrás pero decidió acercarse con la mínima esperanza de que fuera el chico que vio aquel día. Y así era, hurgando en los contenedores se encontraba aquel chaval de su misma edad con un parecido tan asombroso. Esta vez, sin embargo, tiró la basura rápidamente y volvió corriendo a su casa con la esperanza de persuadir a su madre de que bajara para demostrarle que no fueron imaginaciones suyas. Su madre estaba ya dormida y Héctor no se atrevió a despertarla. Se sintió decepcionado, pero prefería eso a ganarse un bronca.
Al día siguiente, al volver del colegio, Héctor se volvió a encontrar con el niño y se decidió a entablar una conversación:
-Hola, ¿cómo te llamas?
No hubo respuesta alguna.
-Mira, te enseñaré un truco -dijo sacando una baraja de cartas- ¡escoge una!
Ninguna respuesta.
-Anda, elige una -insistió-.
El niño se decidió al fin por elegir una.
-Vale, no me la enseñes, ponla en el mazo y corta. Muy bien.
Se llevó las cartas a la frente como si estuviera “conectando” con las cartas.
-Tu carta es... ¡el tres de diamantes!
-Sí, esa es.
-Yo soy Héctor, ¿y tú?
-Yo me llamo Kiko, ¿tienes hora? -preguntó.
-Son las dos y media.
-¡Uf, qué tarde! Me tengo que ir ya, ¡hasta luego!
-¡Adiós!
Mientras el niño se alejaba, Héctor se quedó pensando por qué el niño no había reparado en su tremendo parecido, y ahora que lo pensaba, en realidad, el parecido no era tanto como se había figurado en un primer momento. Se marchó a casa alegre pero confundido.
Al llegar a casa, quince minutos tarde, su madre no estaba.
-¡Menos mal! -pensó- No me caerá una bronca.
Cogió un plato y se puso a comer.
A la mañana siguiente, Héctor había llegado a una conclusión. Iba a intentar entablar amistad con aquel chaval fuera como fuese. Así que se levantó, se duchó, se vistió, desayunó y se fue al colegio. Tras salir del colegio de encaminó hacia los contenedores pero no vió a nadie. Sin embargo, sí que vió a un niño apoyado contra la pared con aspecto de estar esperando a alguien. Saco el móvil de la mochila y le echó una foto. Al ver el resultado, no le pareció que el niño fuera, ni mucho menos, idéntico a él. Cuando volvió a mirar a donde se encontraba el niño, ya no había nadie.
-¡Maldita sea! -pensó- ¡Ya se ha ido!
Así que se volvió a casa cabizbajo y extrañado por el hecho de que el niño de la foto que había tomado, aún siendo el mismo al que vió la otra vez, no se parecía tanto a él. Llegó a su casa y se puso a comer. Otro día igual.
Cada día que pasaba, se iba convenciendo de que el niño no se parecía a él, pero aún así recordaba perfectamente la primera impresión que tuvo al verlo. Al volver del colegio, se encontró con el niño de nuevo, en el mismo sitio que el día anterior. Esta vez, decidió acercarse y le dijo:
-Hola, ¿qué haces aquí?
-Se te cayó esto el otro día, -dijo señalando una carta- quería dártelo.
-Muchas gracias. Oye, ¿te gustaría venir mañana viernes a mi casa a jugar? -dijo sin muchas esperanzas.
-Eeehh… vale, de acuerdo. -dijo titubeante el niño- ¿A qué hora?
-A esta misma, si te va bien.
-Sí, no hay problema.
-¡Hasta mañana!
-¡Ciao!
Cuando Héctor le propuso quedar a jugar, no se esperaba que aceptara. Pensaba que esa era de la clase de cosas que ocurrirían en una mala novela para introducir con calzador un personaje. De hecho, iba a tener problemas para convencer a su madre de que le dejara, pero estaba dispuesto a todo con tal de descubrir por qué le había parecido tan familiar aquel niño nada más verlo.
Cuando se lo propuso a su madre, ésta, consciente de la escasa vida social de su hijo, le acribilló a preguntas:
-Y ¿cómo es que no lo conozco? ¿Conozco a su madre? ¿Es del colegio?¿Cómo dices que se llama? ¿Kiko? Ni me suena.
-Lo conocí hace poco. ¿Puedo o no?
-Vaaale, pero solo una horita.
-Gracias mamá, te quiero.
Tras un complicado interrogatorio, Héctor logró lo que pretendía y se sintió tremendamente orgulloso de ello.
Al salir del colegio el día siguiente, Héctor fue corriendo hasta su calle, donde se encontró a Kiko. Se saludaron y subieron al piso. Tras esquivar a su madre con una “triple maniobra de esquive con giro” y un “holamamáquétalestaremosenmihabitación”, llegaron a la habitación. Allí, Héctor sacó un par de barajas de cartas y empezó a “barajarlas” mientras Kiko curioseaba en la “marabunta” de objetos y cachivaches que se agolpaban en la mesa. Tras responder a algunas cuestiones sobre los objetos allí expuestos cuales piezas de museo, Héctor le pidió a Kiko que cortara y eligiera una. Esta vez, sin embargo, Héctor guardó las cartas en la caja y la apartó. A continuación, metió la mano bajo el colchón y sacó una carta.
-¿Es esta? -preguntó ante la mirada atónita de un público impresionado.
-¡Un cuatro de picas!, ¡no puede ser! -exclamó- ¿dónde está el truco?
-No te lo puedo decir, es la regla de oro de todo mago: nunca reveles tus trucos.
-¡Venga ya! No vale.
La siguiente hora se pasó tremendamente rápida y para cuando se quisieron dar cuenta, ya era tarde. Un grito ensordecedor proveniente de lo más profundo de la casa se lo hizo saber.
Héctor como buen anfitrión, acompañó a Kiko hasta la calle y, mientras bajaban las escaleras, tuvieron una interesante conversación:
-Aún no te he preguntado cuántos años tienes.
-Tengo catorce años.
-¿Y en qué barrio vives?
-Vivo en el Áctur también, dos calles más para allá.
-¿Y por qué estabas rebuscando en la basura?
-Hacía un año que mi padre había sido despedido, pero ayer mismo me dijo que le habían dado un nuevo trabajo.
-¿Tienes hermanos o hermanas?
-No lo sé, nací en Rumanía y fui adoptado a los dos años.
La mente de Héctor se llenó por completo por un único y bizarro pensamiento.
-Bueno, hasta otro día -oyó que le decían, aún sumido en sus pensamientos.
-Adiós -dijo, casi por acto reflejo.
Y empezó a subir la escalera con más preguntas que respuestas.
A la mañana siguiente, Héctor se levantó con la respuesta a sus pensamientos. Cuando vió por primera vez al niño, le pareció que se miraba a un espejo porque imaginó la historia de alguien que podría haber sido él, la historia de alguien que podría haber sido de cualquiera pero que era de alguien con un pasado tan cercano al suyo. La idea de que fueran hermanos, pese a lo chocante que le resultó a Héctor a priori, no tenía ni pies ni cabeza, pues las fechas no coincidían y además no había parecido real entre ellos más allá de los rasgos de la cara. Se dió cuenta de que la vida depende muchas veces del azar, el destino, la suerte, la casualidad o como quieras llamarlo.
lunes, 16 de mayo de 2016
Ganadores concurso de relato San Juan Bautista
2ª categoría: alumnos de 4º ESO y Bachillerato
Santi Salas de 2ºBto.
Santi Salas de 2ºBto.
Teatro Secular
Debo la escritura de este relato a la conocida obstinación de mi amigo Manuel López. Solemos trasmitirnos recomendaciones de toda índole y, como es frecuente, ignorarlas siempre. Hace una semana me llamó trasmitiéndome que acababa de terminar la lectura de El Extranjero, animado por mis vehementes elogios. Esa grata sorpresa se convirtió en frustración cuando, enfadado, empezó a pedirme explicaciones por haberle empujado a tan insustancial lectura. Traté de tranquilizarlo dándole motivos, a mi opinión, muy convincentes, pero me di cuenta de que estaba perdiendo el tiempo cuando me transmitió su incomprensión del relato mediante la siguiente tesis: Si lo que pretendía Camus era una crítica social se quedó muy lejos; lo mínimo habría sido darle algo de verosimilitud al libro. En ese momento decidí que lo mejor era zanjar la conversación, pero Manuel se empeñaba en seguir trasmitiéndome su sarta de críticas disparatadas. Cuando logró sentirse superior al premio Nobel francés me dijo que tratara de leer algo “bueno de verdad”, recomendándome un libro. Yo acepte de inmediato para librarme de otra absurda enumeración caótica, en este caso positiva, pero también porque creía necesario vengarme en nombre del escritor. Se despidió diciéndome que no me precipitara antes de redactarle todos los fallos del libro “de esa forma tan melindrosa tuya”. Siempre ha mantenido que Quevedo y Góngora se estaban pudriendo por dentro, por lo que prefiere reservar el conceptualismo para los amantes y ser claro con los enemigos. Tampoco nos hemos puesto nunca de acuerdo en esto, pues yo pienso que cuando se odia hay que ser ambicioso.
Teatro Secular, como se llamaba el citado libro, era (supongo que todavía lo es) la única obra publicada de un alemán, un dramaturgo fracasado, según se daba a entender, de forma poco evidente, en la contraportada[1]. Pese a que la novela no me atrajo especialmente me vi obligado a leerla del tirón por los enormes deseos de devolver la llamada a mi amigo. Trataré de explicar la novela con justicia por respeto a aquellas personas que no la hayan leído, aunque adelanto que aquellos que sí lo hayan hecho coincidirán conmigo en que, pese a algunos detalles interesantes, no es mínimamente comparable a la obra maestra que yo recomendé.
La obra se estructura en forma de diario en el que el protagonista nos narra desde su perspectiva la conversión distópica de su sociedad. Creo que lo que de verdad impresionó a mi amigo fue el argumento, así que paso a resumirlo. Un director de teatro está hastiado de desarrollar complejas innovaciones técnicas para tratar de lograr una profunda inmersión del espectador, necesaria para una verdadera catarsis. Se nos muestra la tristeza que anega a este dramaturgo a través de las tediosas conversaciones que mantiene con el protagonista (en las que destaca el profuso uso de la expresión “la muerte del teatro", ¿habrá una forma menos original de referirse a la tragedia del teatro contemporáneo?). Pero una idea le sacó de su depresión: Estaba escribiendo una representación sobre la predicación del islámico cuando decidió armarse con arnés y mosquetón y sacar el teatro a la calle; pero sacarlo de verdad, los espectadores no deben saber que es ficción lo que están viendo. El protagonista plasma en su diario que tras oír esta revelación le era incapaz mantenerse como un mero espectador: él tenía que ser el actor en el papel de suicida público, bululú de la primera obra del Nuevo Teatro. La actuación era muy abierta y dependía de su improvisación, pero lo que era inamovible era que acabase con un falso disparo en el corazón; que la gente quedara traumatizada hasta que al día siguiente se informase de que era teatro, nada más que teatro. El experimento funcionó. La callejera iniciativa del desesperado director rápidamente prendió en los ya quemados obreros de Talía, bueno, más de Melpómene que de Talía. Pronto toda la farándula se echó a la calle, pero no lo hicieron del modo esperado. Lo que los protagonistas pretendían era acercar las obras para incitar una reflexión profunda, pero el público prefería una acción arrolladora que sacudiera el tedio de la cotidianidad. La familia teatral era consciente de ese hecho y no tardaron en sustituir los diálogos existenciales de nuestro protagonista por escenas más sádicas de lo imaginable.
Desde el primer momento estas actuaciones encontraron detractores, pero la oposición aumento drásticamente cuando las actuaciones con robos, asesinatos y demás actos criminales falsos, aunque creíbles verdaderos, fueron sustituidos por actos criminales verdaderos que la gente, acostumbrada ya a la ficción, no terminaba creerse. El único comentario que provocaba un asesinato múltiple era un “esta obra la vi la semana pasada volviendo a casa”. En ese clima de indiferencia social el caos más radical quedó instaurado. Devolver el orden a la sociedad se convirtió en prioridad y para ello la gente estaba dispuesta a lo que fuera necesario, incluso a limitar su libertad de expresión. Este hecho quedó ratificado el día de las elecciones, elecciones atusadas mediante la esperpéntica narración de varias comedias públicas, cuándo el partido moderado alcanzó la mayoría absoluta. Su programa electoral se basaba en la Ley de la Responsabilidad Social, inmediatamente ratificada tras tomar el poder, a través de la cual se radicalizaron las penas para aquellos que causaran escándalos públicos y se prohibieron las manifestaciones, las huelgas, la música callejera… en definitiva, cualquier acto capaz de soliviantar a las masas. Posteriormente a dicha normativa se sumó la Ley de Responsabilidad Artística, por la que toda obra debía ser aprobada por el ejecutivo previamente a su publicación con la pretensión de garantizar el orden público. A la firma de esta última siguieron unos días de desinformación y sospecha. El gobierno no incluyó, durante la escritura del proyecto de ley, al periodismo dentro de los límites de la censura para evitar una crítica radical de periódicos y noticiarios. Tras aprobarse la ley se decretó un cese informativo temporal, a la espera de la conclusión del debate abierto sobre el carácter artístico del cuarto poder. La oposición, consciente de su poca influencia, se apoyó en el carácter objetivo de la información, manteniendo que solo se podían limitar las columnas de opinión. Este argumento fue desestimado apelando al carácter subjetivo que aporta a todas las noticias el sesgo mediático, lo que la línea editorial hacía innegable. Si leéis el libro puede que mantengáis que los últimos hechos narrados por mí ocurrieron de distinto modo, pues tras pararse las imprentas el narrador deja claro que lo que nos transmite son solo rumores. La información oficial llegó de la mano del primer periódico, el cual ya estaba “corregido” por el gobierno según transmitía su propia portada. El boletín también explicaba los patrones que guiarán la censura: Se había aprobado una organización de la información en objetiva, por un lado, y en subjetiva o artística, por otro; esta última se dividía a su vez en el “arte por el arte” y en el “arte subversivo”. El deber del gobierno será asegurarse de que sus ciudadanos no fueran confundidos ni por textos subjetivos que finjan objetividad ni por el “arte subversivo”. Era irónico que este, el primer texto periodístico aprobado, presentara tan evidentes signos de subjetividad frente a la información imparcial que defendía, lo que dejaba claro ya el propósito tácito en la ley de limitar las publicaciones a agitprop gubernamental. Después de explicarnos los procedimientos de la censura y de una prolija, aburrida y repetitiva reflexión sobre la inalienabilidad del derecho a la información el protagonista empieza a escribir en su diario con menos frecuencia. No se nos relatan muchos sucesos más y el adoctrinamiento al que se ve sometido el narrador empieza a impedirnos diferenciar lo verdadero de lo falso. La completa defensa del régimen en la última entrada parece trasmitirnos que la sociedad acepta su ya irreversible situación.
La técnica narrativa recuerda a la usada por Orwell en 1984, dado que a través del testimonio del narrador se nos intenta mostrar el pensamiento de la sociedad, aunque se diferencia en la capacidad para transmitirnos la variación del mismo debido a los sucesos acaecidos[2]. Resulta interesante el enfoque individual que se le da a este concepto: se pueden ver los cambios de opinión del protagonista en cada entrada del diario, que pasan desde la oposición extrema a los moderados, a un estado de profunda abulia tras la ejecución de su amigo y director, especialmente perseguido por ser considerado el heresiarca de los dramaturgos, para acabar siendo convencido de forma progresiva por la propaganda gubernamental. En esta última etapa las palabras del alienado narrador (ya ni siquiera se da cuenta de la ironía que supone trabajar de actor callejero para el gobierno) solo nos permite vislumbrar de forma parcial las atrocidades cometidas por el régimen, que se presentan con toda normalidad. Este uso de la subjetividad, ya utilizado por Nabokov, resulta demasiado tosco e insidioso. Desde luego la sutileza no es una de las virtudes de este libro, hecho al que contribuyen los plúmbeos discursos a través de los cuales el protagonista nos explica abstractas ideas sobre el teatro, la literatura, la libertad, o la justicia. Me parece clara la diferencia entre escribir soliloquios que configuren la personalidad de los personajes e insertar tus propias opiniones (o ensayos enteros cómo en este caso). No es infrecuente ver a escritores resguardarse en la seguridad que les dan sus personajes en lugar de aceptar su ineptitud como cronistas. Creo que no hay acto más vil en el mundo que este último; ni siquiera Maquiavelo sería capaz de argumentar que se confunde su opinión con la de su yo poético. Estoy siendo muy duro y quiero matizar que Teatro Secular es un buen libro, pero que tuvo la desgracia de ser escrito por un pésimo autor.
Tras acabar la lectura me dispuse, tal y como había planeado desde el principio, a plasmar por escrito para su posterior envío a Manuel todos los vilipendios sobre Teatro Secular que fuera capaz de encontrar. Mi objetivo no era otro que devolver la ofensa a mi amigo así que me detuve a pensar sobre por qué me había hecho esta recomendación. Conversaciones sobre algunas obras que me parecieron insustanciales y ni siquiera busqué, el recuerdo de insultos sin sentido hacia el genial El Gran Gatsby y el todavía doloroso desprecio hacia El Extranjero era toda la información que tenía para hacerme una idea de sus gustos literarios. Me senté al ordenador y escribí:
Buenos días. Por fortuna ya he acabado la lectura del libro que me recomendaste. No tengo pensado dedicar más tiempo a insultarlo de lo que el autor dedicó a escribirlo, por lo que este correo será corto. Dado que pareces incapaz de preocuparte por otra cosa que no sea el argumento empezaré hablando de la escasa verosimilitud del relato.
Me paré a reflexionar. Es cierto que tras acabar la lectura me había dominado una sensación de incredulidad, pero era incapaz de justificarla. No sé en qué momento dejé de creerme la trama, pero el argumento en su totalidad me parecía absurdo. La acción empujaba a la sociedad hacia la distopía de forma casi inevitable, pero no veía con claridad la conexión entre el inicio de la novela y el trágico final. Quizá era necesario avanzar más en la trama, ¿en qué momento la situación se volvió irreversible? Desde luego que esos ciudadanos estuvieran dispuestos a limitar su libertad a cambio de orden era algo relevante. También era impactante que no pusieran en duda la información falseada que se les transmitía en el último tramo del relato, llegando a perder no solo la libertad de acción, sino también la de pensamiento; lo que, en realidad, no se diferencia tanto de nuestra sociedad actual. Pero esas cosas podían ser consideradas consecuencias, el punto de inflexión debía ser anterior. Entonces caí en la cuenta de que lo que cambió todo fue la generalización del egoísmo. Cuando la falsedad del teatro había conquistado las calles y la gente paseaba mirando la crueldad y la desesperación con indiferencia, ya fuera realidad o actuación, la injusticia se volvió definitiva y la redención imposible. Con las ideas claras borré lo que llevaba de carta y volví a empezar:
Buenos días. Ya he acabado el libro que me recomendaste y debo darte las gracias. Pese a que su calidad es cuestionable y está repleto de asechanzas, soy de la opinión de que una mentira puede ser verdad si muestra la verdad. Es indudable que no se puede comparar con la obra maestra de Camus, pero la revelación que me ha otorgado merece ser valorada. Gracias a esta lectura me he dado cuenta que la preocupación por nuestros allegados no solo es justa sino también necesaria por todo lo que provoca su ausencia. Por desgracia ahora me veo obligado a replantearme el egocentrismo que me caracteriza, pero esto es otro asunto.
Gracias por leer este mensaje y saludos.
[1] Evitaré narraros mis abundantes dificultades para obtener el libro; baste decir que no dedicaba tanto esfuerzo a conseguir un volumen desde que me empeñé en poseer un ejemplar de Las mil y una noches de Weil. De un mérito reseñable es la capacidad para inventarse bellezas ocultas y profundas lecturas de los tres minuciosos análisis que se encuentran al final de la edición que yo poseo.
[2] Pierre Menard observa: . En mi opinión suponer semejantes pretensiones a un escritor como este es un acto de ingenuidad. Por este tipo de comentarios solía explicar al prestar el libro que lo mejor de él se encuentra tras el punto final del relato, hasta que alguien me indicó con sutil ironía que no existe obra literaria en la que no ocurra lo mismo.
Andrea García de 1º Bto.
LA GENERACIÓN REVOLUCIONARIA.
Somos la generación perdida, y la más buscada. Somos la salvación a un mundo que ya se ha rendido y ha perdido todas las esperanzas, aunque al mismo tiempo, nosotros desgraciadamente cometemos el error de pensar que no la somos, y conseguimos evitarla. Somos las brasas de un fuego ya extinguido que intentamos avivar. Somos un grito en el vacío, una mano abnegada, una explosión de polvos coloridos.
Dejamos que digan de nosotros, en vez de hablar por nosotros mismos. Dejamos que lleven la voz cantante, oprimidos pero sin ganas de callar. La generación Z, nos llaman. Katniss Everdeen a la cabeza, seguida por mil figuras más. La generación que cambiará el mundo, al menos eso citan los grandes periódicos. “Se terminó el egoísmo, el narcisismo selfie, la obsesión por el consumo y la pasividad que conlleva. Hay una generación que quiere salvar el mundo, pero todavía no sabe cómo.” Esa es la nuestra. La K o a Z, pero que más nos dan los nombres, nunca hemos sido mucho de etiquetas. Si que somos de estudios, fiestas, empatía y cabeza. Capaces de alimentarnos solamente a base de música, café, y cerveza. Porque somos así de simples, y a la vez así de complejos. Dispuestos a cargarnos los problemas a la espalda, provocar ese cambio tan necesario que los mayores y pequeños ya gritan desarraigados. Tristemente, y a pesar de todo, no nos damos cuenta de que en realidad el poder está en nuestras manos. Y por eso ellos siguen sin tenernos en cuenta.
Pero ya vale.
Basta ya de guerras, órdenes, corrupción y cánones de belleza. Basta de violencia, injusticia, e indiferencia. Porque no podemos callarlo, y al final explotaremos, rasgando nuestras voces en un grito de guerra alzado. Seremos capaces de curar enfermedades, de crear arte, de recuperar las bases del amor, de eliminar la pobreza y de comunicar a los continentes como si a tan solo un silbido de distancia estuvieran. Entendemos la poesía porque hemos roto las medidas y la métrica, y entendemos la política porque buscamos el bien común. Somos capaces de tomar decisiones en décimas de segundo, de salvar el mundo sin darnos cuenta y de unirnos en masa por una misma causa. Porque a pesar de ir creando poco a poco un mundo en el que las discusiones por religión, raza, orientación sexual, género y fronteras carecen de sentido, todavía quedan muchas causas por las que luchar. Porque este cambio es justo y necesario en este momento tan complicado. Por las causas perdidas, por la paz, por las canciones que cuentan historias que nunca se han podido escuchar. Por los animales, por la dignidad de las mujeres, por el feminismo, por el medioambiente. Por la libertad de expresión, por la igualdad económica, por la imaginación, por la justicia. Por los que tienen poco, y deberían tener más.
Así que, señoras y señores, dejémonos de plegarias y movamos el culo par romper toda esa maraña de mentiras, engaños y patrañas. Salgamos a la calle a demostrarle al mundo qué es lo que hacemos, y para qué estamos. Mostremos a los poderosos las bases del diálogo, el sentimiento razonable de empatía, y el sentimiento de responsabilidad, que parece habérseles olvidado. Descoloquemos a las marcas en su afán de examinarnos. Comuniquemos a un mundo actualmente separado. Seamos la voz de la razón y la paciencia, porque como dice el principito: “Las personas mayores nunca pueden comprender las cosas por sí solas, y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones. Pero es lo que nos toca.
Luchemos, jóvenes. Luchemos por el amor, la paz y la risa, para que todo el mundo pueda disfrutarlas.
Porque no somos la generación perdida. Somos la generación esperada, la generación del cambio, la generación revolucionaria.
miércoles, 13 de abril de 2016
Concurso literario "Es justo y necesario"
La
AMPA en colaboración con el Departamento de Lengua castellana y Literatura del
Colegio, con motivo de la Fiesta de San Juan Bautista de La Salle 2016, convoca
el CONCURSO ANUAL LITERARIO.
BASES DEL CONCURSO
1.
El tema
del concurso tiene que guardar alguna relación con el objetivo de este curso “Es
justo y necesario”.
2.
Podrá
utilizarse cualquier forma de expresión literaria: narración, poesía,
teatro, ensayo...
3.
Extensión
máxima: seis folios por una sola cara.
4.
Niveles de participación:
-
Primera
categoría: alumnos de 1º, 2º y 3º de E.S.O.
-
Segunda
categoría: alumnos de 4º de E.S.O, 1º y 2º de Bachillerato.
-
Tercera
categoría: Familia (adultos) de alumnos.
NORMAS DE CARÁCTER GENERAL
·
Entrega
de trabajos:
·
Los
alumnos presentarán sus trabajos a su profesor o profesora de Lengua castellana
y Literatura.
·
Los
padres los dejarán en Recepción del Colegio a nombre de Dña. Lidia Ferrer.
·
Forma
de presentación: en
DIN A4, escritos en ordenador. Se incluirá el trabajo (en el que deberá
aparecer un lema identificativo) en un sobre grande (en el
que solo indicaremos CATEGORÍA a la que nos presentamos). Dentro del sobre
se adjuntará un sobre pequeño cerrado (fuera deberá aparecer de nuevo el
lema identificativo) y en su interior aparecerán los datos personales:
·
En caso
de tratarse de alumnos: nombre y apellidos, clase, grupo, número.
·
En caso
de tratarse de padres: nombre y apellidos, teléfono de contacto. Nombre de sus
hijos y clase a la que pertenecen.
·
Fecha
tope de entrega:
el miércoles 4 de mayo.
·
El
jurado estará
formado por los miembros del Departamento de Lengua castellana. Se reunirá el 9 de mayo
lunes y su fallo será inapelable.
·
Los
convocantes se reservan el
derecho de poder dar a conocer los trabajos presentados.
COMUNICACIÓN DEL GANADOR Y ENTREGA DE PREMIOS
Fecha: el 12 de mayo, jueves, coincidiendo con la festividad de nuestro
Patrón.
Premios: la AMPA hará entrega de los siguientes
premios:
-Primera
categoría (alumnos de 1º ,2º y 3º ESO) y segunda categoría (alumnos de 4º ESO y
Bachillerato), dos premios para cada categoría:
. Primer premio: TABLET.
. Segundo premio: AURICULARES
INALÁMBRICOS.
-Tercera categoría (familia adultos de alumnos):
. Premio: LIBRO DIGITAL.
jueves, 11 de septiembre de 2014
Relatos ganadores San Juan Bautista de la Salle 2014
Aqui podéis leer los relatos ganadores de este año "Somos armonía de colores":
1ª categoría
Lía, Lucía Muñiz (3ºESO)
We are the world, Andrea García (3ºESO)
2ªcategoría
Armonía de colores, Blanca Lasheras (4ºESO)
Amor de primavera, Tatiana Aburto (4ºESO)
WEARETHEWORLD.pdf by anabzgz
1ª categoría
Lía, Lucía Muñiz (3ºESO)
We are the world, Andrea García (3ºESO)
2ªcategoría
Armonía de colores, Blanca Lasheras (4ºESO)
Amor de primavera, Tatiana Aburto (4ºESO)
WEARETHEWORLD.pdf by anabzgz
viernes, 28 de marzo de 2014
Concurso literario San Juan Bautista de La Salle 2014
Bases y premios del concurso literario San Juan Baustista de La Salle 2014
¡Anímate a escribir!
Conc Literario 2014 by anabzgz
jueves, 25 de julio de 2013
ACTIVIDADES
CLUB DE LECTURA:

CINE CLUB:
Visionado de una película y su posterior cine fórum
SALA DE EXPOSICIONES:
Sala de exposiciones permanente en el interior del centro
THE BOOK JAR
BOOKS AND FILMS
BLUE BOOKS
BLIND DATE WITH A BOOK
DESAFÍOS MATEMÁTICOS 14-15
I Concurso AMPA Fotografía de Navidad
I CONCURSO AMPA DE EXPRESIÓN PLÁSTICA
I CONCURSO DE FOTOGRAFÍA LITERARIA
CONCURSO DE LECTURA EXPRESIVA 2014
FOMENTO DE LA LECTURA Y PROYECTO LECTOR
#Librodelverano Todas vuestras recomendaciones del verano 2013 en Twitter
Desafíos matemáticos 13-14
Leer tiene premio
Concurso literario San Juan Bautista de la Salle 2013
Concurso literario San Juan Bautista de la Salle 2014
PERIÓDICO ESCOLAR
VISITAS...
- Joaquín Berges visita el club de lectura
- Begoña Oro inaugura el club de lectura
- Ana Alcolea con los alumnos de 1º y 2º ESO
- Fernando Lalana con los alumnos de 1º
- Los alumnos de 2º de Bachillerato visita el Teatro Principal
- Visita de 2º ESO a la Biblioteca Cubit

CINE CLUB:
Visionado de una película y su posterior cine fórum
SALA DE EXPOSICIONES:
Sala de exposiciones permanente en el interior del centro
THE BOOK JAR
BOOKS AND FILMS
BLUE BOOKS
BLIND DATE WITH A BOOK
DESAFÍOS MATEMÁTICOS 14-15
I Concurso AMPA Fotografía de Navidad
I CONCURSO AMPA DE EXPRESIÓN PLÁSTICA
I CONCURSO DE FOTOGRAFÍA LITERARIA
CONCURSO DE LECTURA EXPRESIVA 2014
FOMENTO DE LA LECTURA Y PROYECTO LECTOR
#Librodelverano Todas vuestras recomendaciones del verano 2013 en Twitter
Desafíos matemáticos 13-14
Leer tiene premio
Concurso literario San Juan Bautista de la Salle 2013
Concurso literario San Juan Bautista de la Salle 2014
PERIÓDICO ESCOLAR
- Joaquín Berges visita el club de lectura
- Begoña Oro inaugura el club de lectura
- Ana Alcolea con los alumnos de 1º y 2º ESO
- Fernando Lalana con los alumnos de 1º
- Los alumnos de 2º de Bachillerato visita el Teatro Principal
- Visita de 2º ESO a la Biblioteca Cubit
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